martes, 16 de octubre de 2012

HOFSTEDE



 
Si analizamos la cultura mexicana como tal, se nos vienen a la mente muchos aspectos, desde su historia, abarcando desde tradiciones prehispánicas, las heridas raciales que dejaron el proceso de conquista y dominación española por 300 años, el sincretismo religioso y el surgimiento constante de “héroes” que pretenden traer un cambio a la situación de crisis constante en la que se ha vivido en nuestro país desde sus inicios, con lo que se ha creado una brecha cada vez mayor entre los habitantes y los líderes, que resultan cada vez menos confiables y la institucionalización de un gobierno inicialmente paternalista y partidista, pero que con la “liberación” y “democratización” han quedado supuestamente arcaicos. Y sobre todo, somos una sociedad que le otorga un valor muy grande a la familia y a los lazos familiares sobre todas las cosas.
También podemos tener en cuenta la importancia de la religión católica en la formación del pueblo mexicano. Inicialmente usado como instrumento de conquista y dominación, la Iglesia Católica pasó a convertirse en uno de los pilares de la cultura del mexicano. El porcentaje de mexicanos que profesan la religión Católica ya no alcanza el 90% como tradicionalmente se afirmaba, pero siguen teniendo una preponderancia en todos los ámbitos desde la sociedad. Desde escuelas que inculcan los valores católicos a la influencia política que tienen personajes de alto rango en el mismo gobierno de nuestro país en muchas tomas de decisiones, y también tomando en cuenta que en muchos lugares aún gira la vida comunitaria en torno a la iglesia local, no podemos negar que aún sin ser católicos profesantes, existen muchos aspectos en los que la mentalidad Católica pasó a ser parte de cualquier mexicano.
Existen muchas teorías económicas de la corriente neoliberal o neoclásica que reiteran cómo la religión es un factor que marca en gran medida el nivel de desarrollo que alcanza una economía. Un ejemplo que es citado frecuentemente, es el comparativo entre los niveles de desarrollo que presentan países protestantes contra países de raíces católicas, e inicialmente los países protestantes presentaron un desarrollo mucho más temprano y mucho más acelerado. Uno de los factores que se toma en cuenta, es muy simple: la visión que se tienen en estos dos grupos respecto al trabajo. En la tradición católica, el trabajo es visto como una imposición, como un castigo enviado por Dios a los hombres. En el protestantismo, en cambio, el trabajo es un sacrificio, una manera de alabar a Dios y alcanzar la salvación. Por otra parte, los protestantes tienen una relación personal con Dios, mientras que en los católicos la relación es a través de la jerarquía eclesiástica. Estos factores, algunos expertos afirman, hace que los niños protestantes crezcan con una visión más igualitaria y con menor distancia al poder que los niños católicos.
Otro factor fundamental en la formación de una cultura es el entorno geográfico. El clima es una variable determinante en muchos rasgos del comportamiento de la gente. Por ejemplo, en nuestro mismo país, se observan diferencias entre cada zona del país dependiendo de su clima, siendo las zonas tropicales totalmente diferentes a las zonas del interior del país. Y al momento de definir la cultura organizacional de lugares muy cálidos, podemos ver que hasta el horario de trabajo varía en estos lugares, al ser la tarde extremadamente caliente para el trabajo, y generalmente se cierran todos los negocios entre las 2 y 5 de la tarde, y tienen horarios que terminan más tarde. La vestimenta también cambia hasta en situaciones laborales, y es menos común que las empresas soliciten vestimenta formal en lugares muy calurosos, mientras que en el interior es muy común ver hombres en traje en todas las oficinas.
Octavio Paz, en su libro El Laberinto de la Soledad, resume la historia y el pensar mexicano en nueve ensayos que cuentan desde su sangrienta historia hasta la influencia que ha tenido en el desarrollo de nuestra nación. Indica que somos herederos de una doble violencia, la española y la azteca, que somos descendientes de una violación, y que somos esclavos de nuestra raza. En sí es una buena referencia para reflexionar sobre muchos aspectos del mexicano.
Todo este tipo de factores, que sería interminable tratar de analizar por completo, tiene una influencia marcada al momento de acercarnos a las organizaciones. Sin embargo, para poder analizar realmente la cultura organizacional, tomaremos en cuenta el trabajo desarrollado por Greer Hofstede. Este autor, después de un análisis a mas de 90000 personas en 66 países, descubrió que las culturas varían en 4 factores fundamentales, que el denomina las “Dimensiones Culturales”.
Los cuatro índices que maneja Hofstede son: el individualismo/ colectivismo, que se asocia con la autorientación; el índice de poder económico y social, que se enfoca a la relación que se tiene con la autoridad; el índice de evasión de la incertidumbre, relacionado con el manejo de los riesgos, y el índice de masculinidad/feminidad, que mide el grado de asertividad, seguridad en uno mismo y los logros.
En el estudio hecho a México se tuvieron los siguientes resultados:
 
La puntuación más baja que se tuvo es en el índice de Individualismo. Con 30 puntos, esto quiere decir que en nuestro país, culturalmente somos una sociedad que tiende más al colectivismo que al individualismo. Esto se manifiesta con un nivel elevado de compromiso que adquiere un individuo al pertenecer a una organización; y cómo las metas personales van después de las metas organizacionales tanto en el entorno laboral como en el social. La lealtad es un valor altamente apreciado en este tipo de sociedades.
En el índice de poder económico y social, en el que México calificó con 82 puntos, se refiere a que tanto acepta en los miembros inferiores de las organizaciones la distancia jerárquica de las posiciones superiores. En nuestro caso refleja un alto grado de desigualdad social, que es favorecida tanto por los líderes como por los miembros inferiores de las jerarquías.
En índice de evasión a la incertidumbre, que es el más alto para México, reflejan qué tan dispuestos a correr riesgos somos. Con un índice tan alto, indica que somos una sociedad a la que le gusta la estructura, por lo que establecemos leyes y reglas estrictas, leyes y políticas para todo tipo de procesos. Esto se refleja en el altísimo grado de burocratización que hay en nuestro país.
En el índice de Masculinidad y Feminidad, tenemos una puntuación bastante alta de 69. Este índice indica el grado de diferenciación de roles que existen en la sociedad; y hacia dónde nos orientamos. Evidentemente somos una nación orientada a lo masculino, con un machismo predominante en la sociedad. Las mujeres, para poder sobresalir en las organizaciones tienen que tomar actitudes masculinas enfocadas a la asertividad y el desarrollo de metas, en contraparte con los valores que el autor maneja como femeninos, como modestia, y cuidado.
Conjugando las cuatro dimensiones se pueden ver los rasgos en general de la cultura organizacional mexicana: existe una jerarquía rígida y procesos muy estructurados, que en muchas ocasiones pueden resultar un freno para la toma de decisiones rápida. La distancia al poder es grande, el jefe no es visto como un igual, o una parte equivalente del equipo. Pero por otro lado, somos muy leales al grupo, el éxito de la organización queda por encima de los logros propios, aunque no en tan alto grado como en sociedades totalmente colectivistas, como Japón. La mujer tiene que trabajar mucho para tener las mismas posiciones que los hombres, pues vivimos en un medio muy machista; y los altos mandos generalmente están ocupados por hombres.
Otros factores que son notorios en la cultura organizacional, según otra autora, Eva Kras, son que para el mexicano, es más importante la persona que la tarea. En países industrializados las tareas son prioritarias, y las personas son sólo instrumentos para realizarlas. En México aún se sigue el principio que los empleados son personas con conocimientos acerca de la tarea que realizarán, y que aportan un valor a la empresa. Tenemos una visión más humanista del empleo. También destaca la delicadeza que hay en las relaciones interpersonales en nuestro país. Las personas son emocionales, y las críticas a su trabajo pueden ser tomadas como afrenta personal, por lo que se tiene que tener delicadeza, sobre todo de los altos mandos, al momento de emitir una crítica al desempeño. El valor que se le dá a un buen ambiente de trabajo, con una buena relación entre colaboradores es fundamental para el mexicano, y en caso de no encontrar esto, se sienten frustrados y prefieren buscar otro tipo de empleo, aunque no cuente con el mismo grado de remuneración.
En cuanto a la puntualidad, es un problema intrínseco en la sociedad mexicana. No se le otorga el más mínimo valor al tiempo, y puede ser un obstáculo para las organizaciones, ya que les resta productividad. De la misma manera, en las empresas muchas veces se adquieren compromisos y se dejan de lado. Esto se refleja en un pobre índice de servicio, en donde el periodo de entrega puede demorar semanas más allá de lo pactado. Y también ocurre en muchas ocasiones que los empleados evitan la responsabilidad, al preferir mentir que afrontar una reclamación.
Todo esto tiene un fuerte impacto al establecer relaciones comerciales con empresas de otros países. Dentro del entorno global, cada empresa aporta las características intrínsecas de su cultura organizacional al momento de establecer una negociación; y muchas veces incompatibilidades culturales no permiten que negocios exitosos se lleven a cabo. La impuntualidad, tan habitual para un mexicano, por ejemplo, puede resultar ofensiva para un alemán, y la franqueza y dureza en la manera de expresarse de un español puede resultar ofensiva para un mexicano. Y al momento de establecer relaciones más duraderas con otro país, como al momento de iniciar una planta en otro país, se tienen que tomar muy en cuenta todo este tipo de diferencias culturales, ya que la falta de visión, o el deseo de imponer la cultura organizacional propia sobre un grupo, puede provocar un fracaso rotundo.